Caminemos hacia la Sostenibilidad Pragmática – Parte 2

por cristina
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Caminemos hacia la Sostenibilidad Pragmática – Parte 2

Por: Ricardo Dueñas

A inicios de mes compartí con ustedes una primera entrega de mis nociones sobre la Sostenibilidad Pragmática. En esta segunda entrega, uno de los grandes focos de atención será la movilidad, porque se trata de un aspecto que jamás debe dejar de inquietarnos. Es tal vez, luego de la alimentación nuestra mayor acción diaria. 

Entonces una movilidad sostenible busca que los desplazamientos cotidianos tengan el menor impacto ambiental. Por tanto, reducir el consumo de petróleo, carbón y gas, y así mismo, que las personas se movilicen de forma activa, mejora su salud y provoca espacios libres de contaminantes.

Hace poco la inteligencia artificial nos demostró cómo puede impulsar al popular Google Maps a una nueva dimensión. Entre otras cosas recomendará la ruta más sostenible: tendrá en cuenta las emisiones, la calzada o el tipo de vehículo. Además, la compañía actualizó Google Earth y los usuarios pueden comprobar los efectos del cambio climático en los últimos 37 años.

Cambiar nuestros hábitos de viaje es clave y puede tener múltiples beneficios: menos emisiones de CO2, menos costos e incluso menos estrés y fatiga. Lo cierto es que 20 minutos para caminar es un tiempo más que razonable para ir a un lugar; un paseo de 30 minutos en bicicleta puede servir para hacer las compras o ir al trabajo. 

Cuando hablamos de viajes, es inevitable pensar en todo el impacto que generamos a través de los medios de transporte que utilizamos. Es por ello que quiero felicitar a Gabriela Sommerfeld, por la apertura de la nueva aerolínea Equair. 

Gabriela, junto a otros inversionistas privados le están apostando a la conectividad en Ecuador, un aspecto vital en una época en la que es necesaria la reactivación turística. Pero lo más importante es que han pensado en la sostenibilidad. Desde el primer boleto que se venda, el carbono será compensado, convirtiéndose en la primera aerolínea que opere y compense el 100% de sus emisiones de gases de efecto invernadero.  

Como en este caso, hay que buscar todos los mecanismos de compensación posibles. Por ejemplo, el aeropuerto ecológico de Baltra permite compensar las emisiones de carbono que produce la visita a las Islas Galápagos, un lugar frágil que requiere de un proteccionismo ambiental muy elevado. 

O los programas con los que cuenta Metropolitan Touring. Ellos, tomando en cuenta que la industria del travel es la causante del 8% de CO2, permiten a sus clientes compensar su huella de carbono en el Chocó Andino ecuatoriano. El objetivo es expandir la zona de bosque protegido de 2.428 a 13.700 hectáreas, el equivalente a 25.000 campos de fútbol. Estos procesos están certificados internacionalmente. 

Creo que mientras tengamos más opciones como estas, más pragmática se vuelve la sostenibilidad. No necesitamos darnos muchas vueltas, solo buscar estos mecanismos y pensar en el planeta. Espero que algún día, la mayoría de aeropuertos del mundo o las principales aerolíneas del planeta nos permitan ser más responsables con el ambiente.  

 

En un futuro no lejano, el hidrógeno verde será nuestro mejor aliado 

Repsol es un buen caso. Se puso a la carrera y consiguió producirlo con biometano y de momento para aviones. La compañía española ha producido, en su refinería de Cartagena, 10 toneladas de hidrógeno renovable, lo cual ha evitado una emisión de 90 toneladas de CO2 a la atmósfera, según la petrolera.

En el mundo del transporte, los barcos y los camiones también se están convirtiendo al hidrógeno. Y podemos hacer más.

 

Una huella silenciosa… la huella digital

Hay una huella silenciosa en nuestro día a día, más invisible que el resto, aunque no por ello menos agresiva. Toda actividad digital genera una huella de carbono digital y contribuye a la crisis climática. En efecto, la dependencia a lo digital abre debate sobre lo insostenible que es el estilo de vida actual, incluido el tiempo de ocio y descanso. 

Se han puesto a pensar ¿Cuánto contamina realizar búsquedas en Google, enviar un e-mail, una reunión de trabajo en Zoom o ver la última serie de moda en Netflix? 

Cada una de estas acciones emite 4% de los gases de efecto invernadero del mundo, más que el transporte aéreo civil. La huella de carbono digital supone entre un 1,8% y 2,8% del total. Imagínense que si Internet fuera un país, sería el tercer mayor consumidor de electricidad. 

 

  • Netflix reconoce que ver una hora de sus contenidos supone una emisión de 55 gramos de CO2, lo que se  compara con hacer cuatro bolsas de canguil en un microondas.
  • Las 47.000 búsquedas de Google que se producen cada segundo generan 500 kilogramos de CO2, según datos globales. 
  • El consumo de YouTube en un año genera diez millones de toneladas. Esta cantidad es la que puede producir la ciudad escocesa de Glasgow en el mismo período de tiempo.
  • Otras redes sociales, como la afamada Tik Tok, es de las que más contamina al basarse exclusivamente en ver vídeos y subirlos.

 

Y ni qué hablar de la construcción y el mantenimiento de los enormes centros de datos, donde se procesan nuestras transacciones digitales. A escala global se estima que consumen la misma electricidad que un país de tamaño medio como España.

Por ello, debemos ser prácticos. Apaguemos los dispositivos cuando no se usen y racionalicemos el acceso al contenido multimedia.

 

Ante estos hechos, ¿cómo podemos reducir nuestra contaminación digital?

Selectra, una startup creada en París en 2007, especializada en la comparación de tarifas de energía, telecomunicaciones  y alarmas; da cuatro recomendaciones aplicables a nuestra vida diaria:

 

  1. Conservar los equipos digitales en la medida de lo posible  o comprar equipos de segunda mano. Luchemos contra la obsolescencia programada.
  2. En caso de ver una película o serie es preferible la descarga al streaming; y evitar utilizar el 4G para reproducir vídeos.
  3. Vaciar el buzón de correo electrónico. Así como acumulamos basura física, lo hacemos de manera digital. Solo piensen en estos momentos qué cifra ocupa sus bandejas de entrada. En Ekos, tenemos una práctica recurrente en la que los miembros de la organización hacemos una limpieza digital de correos que ya no tienen utilidad.
  4. Descargue la extensión de Chrome «Carbonalyser». Actualmente se encuentra disponible para el navegador Firefox y próximamente tendrá una versión para Chrome. Esta permite medir la contaminación digital de nuestra navegación por la red y la traduce en consumo eléctrico y emisiones de CO2.

 

O hay tips más cercanos y muy sencillos. No activar la cámara en una charla Zoom para reducir el impacto en un 61% o escuchar música sin reproducir los vídeos. Aunque sabemos que un celular consume menos energía que un televisor de grandes dimensiones, el teléfono hoy está encendido las 24 horas del día y el televisor, no. 

Si hace una década cobró conciencia el apagar las luces cuando no son necesarias, nos acercamos al momento de apagar los dispositivos cuando no se usan. Es necesario que la toma de conciencia que, poco a poco, hemos ido incorporando se traslade también a un consumo responsable de plataformas. 

 

¿Qué pasa con la industria de la moda y qué podemos hacer como consumidores? 

¿Recuerdan la imagen de 39 mil toneladas de ropa desechada en el desierto de Atacama? Hablamos del equivalente al peso de 85 mil pianos de cola. La moda es una industria altamente contaminante, que ha resaltado el concepto de fast fashion: grandes volúmenes de ropa producidos, en función de las tendencias y que ha fomentado en los consumidores una sustitución acelerada de sus prendas.

Hay cifras alarmantes. Para la producción del jean, la prenda por excelencia, una gran cantidad de agua es destinada al cultivo de algodón, al lavado y a la tintura de color azul. Se estima que la producción global de algodón utiliza 222 mil millones de metros cúbicos al año, de agua.

También se sabe que 20% de la contaminación industrial del agua está asociada a la fabricación de la ropa, y 85% a los 1,3 billones de galones anuales para procesar teñidos.

Afortunadamente, en el mercado también ha surgido una contrarrespuesta: la moda sostenible, ligada al concepto de Comercio Justo. Ella promueve un nuevo enfoque del negocio textil basado en el respeto por el ambiente y el bienestar de las sociedades, genera, a su vez, una nueva forma de consumo moderado, justo, bien retribuido y generador de productos de calidad.

Hay tendencias que nos invitan a ser responsables en nuestras compras de ropa como: buscar tejidos orgánicos, promover el uso de Ropa Vintage, ser parte del Fashion sharing o moda alquilable, del Trashion (crear prendas o accesorios a través de desechos). En definitiva, es momento de acercarnos al Slow fashion, ser conscientes en nuestras compras.

A lo largo de esta ponencia he repetido con frecuencia las palabras responsabilidad, conciencia y cambio de hábitos. SI queremos resultados diferentes, actuemos de manera diferente. 

 

No les pido que restringan sus vidas, sino que tomen decisiones bien pensadas y responsables, que cuidan nuestro planeta y a nosotros como especie. Ahí reside la creación de un nuevo círculo virtuoso que podemos vivir.

 

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