CAMINEMOS HACIA LA SOSTENIBILIDAD PRAGMÁTICA – PARTE 1

por cristina
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CAMINEMOS HACIA LA SOSTENIBILIDAD PRAGMÁTICA – PARTE 1

Por: Ricardo Dueñas

 

Si preguntan a una persona si es 100% sostenible, de seguro su respuesta es no. Yo tampoco lo soy, pero me considero uno de esos caminantes que sueñan con una relación más amigable y coherente con el planeta. Y por tanto, estoy seguro que puedo realizar cambios desde mi cotidianidad a través de una mayor conciencia y actos concretos. 

Partamos de una premisa, la gente no va a dejar de hacer su vida – usar celular, enviar y guardar sus mails, vestirse, bañarse, alimentarse, viajar en avión, etc) pero el cómo lo hacen marca una notable diferencia. 

El consumo debe ser un acto consciente y selectivo; escojamos empresas y marcas, productos y servicios, con propósito, con pasión por la sostenibilidad. 

Cada uno es responsable de moldear los hábitos y ser consecuentes con nuestro entorno. En pocas palabras: necesitamos menos bla, bla, y más acción. 

Este ha sido un proceso que me ha dejado grandes lecciones. Aposté por salir de la ignorancia, leer, investigar y conocer el impacto de nuestras acciones. Lo cierto es que la sostenibilidad es vista como un concepto lejano, poco alcanzable. 

¡No me sorprende! Hemos visto cómo la reciente COP26 se ha movido con peligro sobre las líneas de un discurso romántico y muy poco realista. También se ve a la sostenibilidad como una práctica costosa, poco asequible, difícil de ejecutar. Por eso, llevo ya algún tiempo trabajando e investigando en lo que he llamado Sostenibilidad Pragmática.

Precisamente, comparto en este blog cinco grandes contextos y las prácticas que pueden ser útiles (que las publicaré en dos entregas). Si logro que alguna de ellas quede resonando en su mente y los motive a realizar un cambio en sus vidas desde casa o sus trabajos, el efecto multiplicador será mayor.

Obligatoriamente quiero partir del concepto de “diversidad” porque ahí reside nuestra riqueza como humanidad. Y, por supuesto, de “inclusión”, como el catalizador para lograr la equidad. Por ejemplo, según las nuevas concepciones, la riqueza de una compañía no se mide solo en beneficios económicos. Abarca la inclusión de empleados de distintas generaciones, identidades sexuales, perfiles, nacionalidades… Y ojo, no hablo de tolerancia sino de todos ser parte del mismo barco.

Un entorno inclusivo, reconoce las diferencias, apuesta por la diversidad e incentiva la participación de todos, independientemente de su condición y existen diferentes maneras de gestionarla. Según un estudio realizado por Deloitte, “los temas de diversidad e inclusión son una de las 10 principales tendencias globales en temas de capital humano”.

Según la publicación de BID Invest, “¿Por qué a mi empresa le deben importar la diversidad y la inclusión?” Hay una respuesta potente: porque la diversidad y la inclusión son buenas para los negocios. De hecho, según McKinsey, la diversidad de género, por citar un caso, en los equipos ejecutivos, guarda una fuerte correlación con la rentabilidad y la creación de valor. 


Pero, ¿cómo ser inclusivos en nuestras empresas? 

Por favor, rompamos círculos viciosos de selección de personal, no podemos seguir buscando colaboradores en las bolsas de trabajo tradicionales. 

Si queremos ser el reflejo del mercado, debemos caminar hacia búsquedas dirigidas, especializadas, para que al interior de nuestras oficinas, plantas de producción y proyectos lleguen colaboradores afrodescendientes, indígenas, mestizos, extranjeros, hombres, mujeres, población LGBTIQ+, personas con capacidades especiales…

¿Sabían que Ecuador ya cuenta con la primera Red de Recursos Humanos inclusiva? Se trata de una Guía Nacional que fue lanzada en octubre y está conformada por organizaciones como Coca-Cola, EY, Andean Travel Company, Boehringer Ingelheim, Ekos, entre otros.

La herramienta es promovida por la Cámara LGBT de Comercio Ecuador, de la cual Ekos es miembro y tiene tres elementos: la integración de las personas LGBTIQ+ en los espacios laborales; la segunda es de autodiagnóstico corporativo y la tercera para la promoción de los Derechos LGBTIQ+ en las empresas.

Si este año arrancamos con más de cinco organizaciones participantes, el siguiente año seremos 20 o más y la onda expansiva no se detendrá. Les invito a que conozcan de esta Guía Nacional y provoquemos cambios sustanciales en las estructuras de las empresas.

El tema de la inclusión requiere de compromiso y convencimiento desde los CEO, pero también desde una población laboral dispuesta al cambio. No escatimen recursos dentro de sus organizaciones para capacitarse y ahondar en estos temas.

Generemos planes de capacitación constantes, muy bien definidos y armemos comités de diversidad e inclusión o de sostenibilidad. Créanme que serán una herramienta para hacer de este tema una práctica responsable.

Si lo hacemos, se ampliará nuestra reserva de talento, mejoraremos la toma de decisiones, aumentaremos el conocimiento de un espectro más amplio de clientes, impulsaremos el compromiso de los colaboradores, mejoraremos la imagen global de la compañía. ¡Todos ganamos!

 

Otras opciones

Por otro lado, si desde su empresa quieren contribuir con el ODS 5 que busca la equidad de género, pueden adherirse a los Weps o Principios de Empoderamiento de las Mujeres. Son un conjunto de buenas prácticas empresariales que promueven la igualdad entre mujeres y hombres en todas las áreas de gestión. Ekos también se comprometió a implementar las Weps y durante mi gestión como Presidente del Directorio del Pacto Global de la ONU, logramos que varias empresas se unan a esta iniciativa promovida por ONU Mujeres. Este compromiso debe ir acompañado de acciones que permitan romper brechas salariales, techos de cristal y otras formas de violencia de género.

Echen un vistazo a lo que ha hecho Pepsico y Doritos Rainbow, Victoria’s Secret o Lego, quienes han levantado discursos fuertes para visibilizar la importancia de ser más inclusivos y fomentar el respeto así como la unión entre las personas. Frases como “el amor sigue siendo amor”, apuestas por el “body-positive”, es decir, cuerpos reales de mujeres para dar fin al ciclo de sexualización y cosificación, o no dar un género específico a las figuras de Lego, son muestras de que el cambio es posible. Y les aseguro que todos estos nuevos conceptos nacieron de equipos diversos.

 

Ahora hablemos de Alimentación

Es importante que sepan que todos los alimentos necesitan de agua y energía, pero aquellos a base de proteínas animales son los que tienen mayor impacto en el ambiente. Los sistemas agroalimentarios son altamente demandantes de recursos finitos o de lenta recuperación, como el agua, la tierra, el fósforo, las energías fósiles, entre otros.

Por ello, los sistemas de producción de alimentos provocan aproximadamente entre el 25% y el 30% del efecto invernadero, por lo que influyen en el cambio climático.

Entonces es hora de cambiar nuestros patrones de comportamiento frente a la comida. La alimentación sostenible tiene en cuenta la huella ambiental, es decir, la emisión de gases, el consumo de energía y el uso de recursos hídricos así como de la tierra durante todo el proceso de la cadena alimentaria.

Dirigir la dieta global hacia un mayor consumo de alimentos saludables mejoraría la sostenibilidad ambiental. National Geographic ha dicho que las dietas más sanas podrían contribuir a reducir hasta en un 17% las emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos. Una alimentación sana reduce entre un 20% y un 40% de infartos de miocardio, cáncer colorrectal y diabetes de tipo 2, lo cual se traduce en una reducción de los costos sanitarios y en una disminución de gases contaminantes por persona y año.

Como consumidores tenemos opciones:

  • Comer menos carnes rojas y procesadas, ya que la producción ganadera es una de las principales emisoras de gases de efecto invernadero. 
  • Consumir más productos locales, de temporada y mínimamente procesados.
  • Elegir productos al granel para disminuir el impacto del envasado.
  • Evitar el desperdicio de alimentos. Ello conduciría a un uso más eficiente de la tierra y a una mejor gestión de los recursos hídricos.
  • Detengámonos ahí: sirva raciones más pequeñas en el plato; reaproveche la comida que sobre y elabore nuevos platos; 
  • Compre de forma inteligente, a través de una lista.
  • Anímese y convierta los restos de comida en compost o comparta y done el excedente de comida.

 

¿Qué pasa con los niños y niñas?

La FAO estima que en el mundo, en 2020, más de 149 millones de menores de cinco años sufrieron de retraso de crecimiento; además, más de 45 millones padecieron de delgadez excesiva; y, casi 39 millones sufren de sobrepeso. Mientras que más de 3.000 millones de adultos y niños siguen sin poder acceder a dietas saludables. Y casi un tercio de las mujeres en edad reproductiva registran anemia.

En nuestro país, la desnutrición crónica infantil es considerada uno de los principales problemas de salud pública, donde tres de cada 10 niños menores de dos años la padecen. El gobierno ha dicho que la desnutrición crónica infantil le cuesta al país alrededor de USD 4.000 millones al año.

Una «dieta pensando en el planeta» es aquella que tiene múltiples beneficios para la salud humana y bajo impacto ambiental. Esto puede ayudar a detener la deforestación y la conversión de otros hábitats como los pastizales, reducir el uso del agua y la contaminación y luchar contra el cambio climático.

Si podemos cambiar nuestros hábitos alimenticios, las empresas también pueden cambiar sus hábitos de producción. En Ecuador, El Ordeño, por citar un caso exitoso y que me emociona, hizo una apuesta inteligente: formar un modelo empresarial, asociativo e incluyente. La empresa trabaja con más de 6 mil pequeños productores de 11 provincias de la Sierra y del Oriente y su meta es ser una empresa carbono neutro. Por ello, se alió con la FAO para ser parte del Programa de Ganadería Climáticamente Inteligente. Además, hizo una medición de su huella de carbono y se certificó como Empresa B. También decidió usar energías renovables. De igual manera procesa los desperdicios generados para transformarlos en fertilizantes para la agricultura.

El resultado ha sido una marca que empata con clientes comprometidos con la sostenibilidad y el ambiente. Es lo que yo llamo, congruencia del mercado.

 

En una siguiente entrega quiero contarles sobre acciones concretas para mejorar nuestra movilidad, el uso de nuestros aparatos electrónicos y cómo podemos dar un giro a la compra desenfrenada que provoca la moda y que está reduciendo recursos preciados para la humanidad, como el agua.

 

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