“Las Fronteras son solo mentales”: Tres refugiados en Ecuador nos cuentan sus historias

por cristina
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“Las Fronteras son solo mentales”: Tres refugiados en Ecuador nos cuentan sus historias

Daniela, Diego y María de los Ángeles han salido de su país, dejaron atrás a sus familias, amigos y escenarios conocidos. Extrañan sus costumbres, la comida de su país de origen y los paisajes en donde nacieron.

Sin embargo afrontan el día a día con una sonrisa, con sueños y esperanzas. Los tres son refugiados, son estudiantes universitarios y han encontrado en Ecuador un nuevo comienzo.

Hoy, 20 de junio, Día Internacional del Refugiado, les invito a leer más de sus historias y su lucha. Porque todos tenemos derecho de empezar de nuevo, de salir adelante.

Daniela Pérez Obando

En la vida las personas tenemos dos opciones: ser víctimas o ser ganadores. Nos podemos pasar años y años echándole la culpa al pasado, a los políticos, a los ricos, a los pobres; a todo el mundo. Pero nunca podremos pretender que nuestra situación cambie sin nosotros hacer algo».

¿Cómo cambió tu vida cuando tuviste qué salir de tu país de origen?

Primero hay que tener en cuenta que yo salí de mi país siendo una niña, tenía doce años. Al migrar muchas cosas cambiaron, partiendo desde las privaciones emocionales y materiales, como: ausencia de familia, amigos, personas importantes que desempañaban un papel importante en mi desarrollo; ausencia de bienes como camas, ropa, casa y comodidades en general que permitían que nuestras actividades diarias se desenvolvieran con facilidad.

¿Qué es lo que más extrañas de tu país de origen?

He generado demasiado apego con Ecuador. Yo me considero ecuatoriana. Colombia y Ecuador han sido países determinantes en mi desarrollo personal. De igual forma, mi nostalgia por Colombia es grande. Extraño mucho las tardes en mi barrio, a mis abuelos sentados en la silla afuera de la casa; los vecinos conversando; las personas bailando en la calle; extraño la relación que tenía con mis amigos. Y, ¿cómo no hablar de mis hermanos y demás familiares?, que entre desorden y desorden hacían que las horas se pasaran volando. Lo que más extraño de Colombia es la calidez de las personas que te hablan, a pesar de no haberte visto en toda su vida. Extraño la buena actitud a pesar de la crisis, de los malos momentos, a pesar de la guerra. Esa resiliencia que hemos desarrollado con los años se transforma en una sonrisa, en un ¡qué te vaya bien! en un ¡Dios te bendiga!

¿Qué mensaje te gustaría dar al mundo en este Día Internacional de los refugiados?

En la vida las personas tenemos dos opciones: ser víctimas o ser ganadores. Nos podemos pasar años y años echándole la culpa al pasado, a los políticos, a los ricos, a los pobres; a todo el mundo. Pero nunca podremos pretender que nuestra situación cambie sin nosotros hacer algo. Las personas refugiadas quizá no tuvimos la culpa de serlo; no fue nuestra culpa vivir en cierto barrio, no fue nuestra culpa nacer en una zona peligrosa, tampoco fue nuestra culpa migrar. Sin embargo cada persona tiene la posibilidad de elegir su lado. Yo recomiendo ser un ganador. Yo recomiendo levantarse temprano y esforzarse el doble. Yo recomiendo siempre tener buena actitud con quienes no lo son con nosotros. Yo recomiendo estudiar y proponerse metas altas. Yo recomiendo romper con los prejuicios, y ser felices.

¡Feliz día del refugiado a todos quienes tuvimos la valentía de caminar entre fronteras, tomar buses por días y rehacer tu vida en una tierra desconocida!

Diego Narváez

Extraño los besos de mi padre o los arrulladores abrazos de mi abuela».

¿Cómo cambió tu vida cuando tuviste qué salir de tu país de origen?

Cambió en todos los aspectos en los que podría cambiar. Cuando mi familia se vio forzada a salir de Colombia por problemas con los grupos armados que frecuentaban la zona (rural)(Municipio de Rosas, Cauca) en la que vivíamos, nunca imaginamos y aún menos yo, siendo un niño de 7 años, que la odisea más estrepitosa de nuestras vidas apenas acababa de comenzar.

Hábitos alimenticios y comida, costumbres, palabras, personas y lugares, entre otros, fueron algunas de las cosas que ahora se presentaban nuevas, para mí, que incluso aun estaba en una etapa en la que apenas estaba descubriendo el mundo.  

¿Qué es lo que más extrañas de tu país de origen?

La comida, las costumbres, la música, el ambiente, y la puesta del sol sobre la tierra que me vio nacer, ninguno de estos en realidad, tanto como extraño los besos de mi padre o los arrulladores abrazos de mi abuela, para mí las cosas más valiosas que algún día hubiera podido tener. Si hay algo que nunca he logrado superar es haber dejado atrás a las personas a quienes amaba profundamente, quienes en mis primeros años (únicos junto a ellos) me educaron y cuidaron dentro de sus posibilidades. La familia es quizá uno de los más grandes regalos que Dios y la vida nos pueden dar, y este me fue arrebatado cuando apenas empezaba a vivir, por un grupo de personas inescrúpulosas que violenta e intempestivamente decidieron irrumpir en nuestras vidas y destruir nuestra paz.

¿Qué mensaje te gustaría dar al mundo en este Día Internacional de los Refugiados?

Todos somos seres humanos con virtudes y defectos que debemos trabajar, y aunque en la mayoría de los casos la palabra «refugiado»  tiene una carga peyorativa, muchos de los refugiados poseen habilidades, profesiones y conocimiento que puede ser de mucha ayuda para la población de acogida. Los refugiados en realidad somos potencial, que puede y debería explotarse. Amaos unos a otros,porque las fronteras son sólo mentales.

María de los Ángeles Pérez Obando

Mi vida cambio para mejor, Ecuador nos tendió la mano en el momento que más lo necesitábamos y desde entonces me siento parte del mismo, estoy orgullosa y feliz de vivir aquí al igual que mi familia».

¿Cómo cambió tu vida cuando tuviste qué salir de tu país de origen?

Mi vida dio un giro de 360 grados, debido a que estaba acostumbrada a un entorno familiar completo, esto lo digo porque mi familia se vio divida entre Colombia y Ecuador. Tuve que adaptarme a una cultura diferente a la mía, pese que se habla el mismo idioma, los ecuatorianos son muy diferentes a los colombianos.

Mis compañeros de clases eran amables pero al inicio fue complicado tener un grupo de amigos, pues lo único que querían saber era porque llegue a este país y el tema de la guerra en Colombia , y esto era algo de lo cual no quería hablar o acordarme. Otro factor que al cual me demore aún más para acoplarme fue el clima, pues soy de la costa norte de Colombia y el frío en Quito era fuerte desde mi punto de vista. Mis hábitos de comida cambiaron, ya que en ecuador existen platos diferentes a los de mi región.

Aun así, mi vida cambio para mejor, Ecuador nos tendió la mano en el momento que más lo necesitábamos y desde entonces me siento parte del mismo, estoy orgullosa y feliz de vivir aquí al igual que mi familia.

¿Qué es lo más difícil de estar en otro país como refugiado?

Lo más difícil al principio fue ver el rechazo que tenían que vivir mis padres a diario, por parte de personas ecuatorianas las cuales no deseaban tener a extranjeros como arrendatarios. La xenofobia fue lo más doloroso de afrontar en un país nuevo, ya que existen personas buenas también están las malas, pero lastimosamente las malas vivencias perduran el mente de
aquellos que hemos sido vulnerados.

 ¿Qué mensaje te gustaría dar al mundo en este Día Internacional de los Refugiados?

Muchas veces los refugiados no decidimos serlo, pero no debemos sentirnos deprimidos por ser parte de este grupo, pues tomar la dura decisión de emigrar de tu país, es solo para aquellos que tienen un carácter fuerte y una visión clara de lo que desean en su futuro. Ser refugiado es ser símbolo de esperanza, debido a que los motivos pueden ser muchos y dolorosos. Pero aun así desde mi punto de vista, el refugiado no lo define lo que te sucedió, es lo que hiciste frente a lo que te sucedió, esa actitud de salir adelante es la mejor cualidad que posee un ser humano y que mejor si es retribuyendo al país que te ha acogido como parte de él, en otras palabras como refugiados, tenemos el deber de ayudar al país de acogida. ¿Cómo? pues, siendo ejemplo de buenos ciudadano, sintiéndonos orgullosos del país al cual actualmente permanecemos y recordar siempre a donde deseamos llegar.

 

Agradezco al Departamento de Diversidad Étnica de la USFQ por su ayuda con estas entrevistas. 

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