¿Sabes qué es el permafrost y las consecuencias que tiene su deshielo sobre el planeta?

por cristina
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¿Sabes qué es el permafrost y las consecuencias que tiene su deshielo sobre el planeta?

Por: Andrés Calvopiña

 

El permafrost de la Tierra se está descongelando, y las comunidades indígenas del Ártico y científicos de todo el mundo reclaman que esta alarmante pérdida de hielo terrestre reciba la atención mundial y la correspondiente investigación que merece. Este deshielo reconfigura los paisajes, desplaza a pueblos enteros y perturba los frágiles hábitats de los animales; amenaza, además, con liberar microorganismos peligrosos y posibles emisiones del carbono que se encontraban en su interior y que lleva congelado miles de años.

El ministro de Justicia de Tuvalu, Simon Kofe, fue noticia durante la conferencia sobre el clima de la ONU, la COP26, en noviembre, cuando pronunció su discurso con el agua del mar hasta las rodillas.

«Nos estamos hundiendo», dijo, subrayando el peligro real que el aumento del nivel del mar, provocado por el cambio climático, representa para las naciones insulares de baja altitud del mundo.

El vídeo de Tuvalu se hizo viral. La imagen era impactante, como las procedentes de otras islas del Pacífico, Kiribati y Fiyi, en los últimos años, que muestran cómo ciudades enteras se desplazaron hacia el interior mientras las aldeas sucumbían lentamente al mar que las rodeaba.

Una tragedia igualmente alarmante está ocurriendo al otro lado del globo: el Ártico, donde el aumento de las temperaturas está reduciendo antiguos glaciares, disminuyendo el hielo marino y calentando y descongelando el permafrost del planeta.

El permafrost es la capa de suelo bajo la superficie de la Tierra que ha permanecido congelada ininterrumpidamente durante al menos dos años consecutivos y, en la mayoría de los casos, durante cientos o miles de años. Se extiende por una cuarta parte del hemisferio norte, incluyendo muchas regiones que no están cubiertas de nieve.

Esta capa congelada se encuentra en grandes partes de Alaska, Canadá y Siberia, donde la gente, en su mayoría comunidades indígenas, ha vivido, trabajado y cazado durante cientos de años.

 

Desplazados por el cambio climático

«Veo en mi futuro y en el de nuestros jóvenes, a nuestra comunidad completamente reubicada», explica Eriel Lugt a Noticias ONU, un activista indígena inuit de 19 años de la región ártica de Canadá.

Mientras las desgarradoras imágenes de osos polares desnutridos que luchan por sobrevivir en el cambiante paisaje se han quedado impregnadas en nuestras rétinas, el hecho de que asentamientos humanos enteros tengan que ser reubicados o de que las comunidades indígenas se vean obligadas a replantearse su modo de vida tradicional pasan completamente desapercibidos.

«Cuando oí hablar por primera vez sobre el cambio climático, estaba en noveno grado y no me había dado cuenta de que ya estaba ocurriendo, y rápidamente, en mi propia comunidad, justo delante de mis ojos«.

Su pueblo natal, Tuktoyaktuk, lleva años sufriendo las consecuencias del deshielo de nuestra criosfera.

«Aquí en Tuk toda nuestra tierra se asienta sobre el permafrost», explica, «El deshielo está cambiando completamente la estructura de nuestra tierra, y nuestra fauna también se está viendo afectada».

El deshielo de este suelo congelado bajo la superficie que cubre unos 23 millones de metros cuadrados del norte de nuestro planeta es apenas visible para el ojo humano, pero sus efectos no lo son. Las carreteras, las casas, los oleoductos, incluso las instalaciones militares y otras infraestructuras se están derrumbando o empiezan a ser inestables.

Muchos pueblos del norte, como el Tuktoyaktuk, están construidos sobre permafrost, que cuando está congelado es más duro que el hormigón. Sin embargo, a medida que el planeta se calienta rápidamente —el Ártico lo hace al menos dos veces más rápido que otras regiones— el suelo que se descongela se erosiona y puede provocar desprendimientos.

Además, la reducción y el cambio del hielo marino hacen que los pueblos costeros sean más vulnerables a las tormentas.

«En nuestra comunidad sufrimos vientos feroces, y todos los veranos hay días en los que el viento provoca la subida del nivel del mar, así que ese es otro de los problemas que tenemos… Cada invierno noto cómo la costa pierde unos dos centímetros de tierra», destaca Eriel.

Algunos de sus vecinos que vivían justo en la tundra sobre la playa ya se han visto obligados a trasladarse al interior.

«El suelo se estaba hundiendo debajo de sus casas», asegura.

 

Consecuencias para la salud humana y el acceso al agua

Foto: Servicio Geológico de los Estados Unidos/Christopher Arp

Susan M. Natali, científica del Centro de Investigación Climática Woodwell*, lleva más de trece años estudiando el deshielo del permafrost en el Ártico.

«Puedo ver los cambios, es devastador. Ni siquiera sé si puedo expresar la magnitud del impacto que está teniendo en la gente. Tienen que apuntalar y levantar sus casas (del suelo que se derrumba), literalmente. Esto podía pasar antes una vez al año, y ahora tienen que hacerlo hasta cinco veces al año porque sus casas se están inclinando», describe.

La doctora Natali explica que el deshielo del permafrost también provoca el colapso de los depósitos de combustible, y señala que los vertederos que antes estaban en zonas secas ahora están filtrando residuos y materiales tóxicos, como el mercurio, en lagunas y ríos.

«La población obtiene el agua y el pescado de estos ríos, por lo que esto tienen efectos sobre la salud humana… El deshielo además está provocando que algunos ríos se hundan haciendo más difícil el acceso al agua potable», añade.

Otro inconveniente es que muchas comunidades suelen desplazarse por el territorio en invierno a través de los ríos y lagos helados que ya no se «congelan» lo suficiente para que sean transitables.

«Esto no es solo un riesgo para la salud, afecta también el acceso a los alimentos. Están ocurriendo tantas cosas… Se trata de un problema con muchas aristas que afecta tanto a los sistemas naturales como a los sociales… Ahora mismo, esto es una realidad para las personas que viven en el Ártico, y lo es desde hace ya mucho tiempo».

 

¿Existe una solución?

La doctora Natali explica que, aunque en estos momentos no podemos revertir el deshielo del permafrost, ya que no ha comenzado. La clave para evitar lo peor es proponerse grandes metas.

«Creo que incluso en nuestros escenarios más ambiciosos (para reducir las emisiones globales de carbono y el consiguiente calentamiento), vamos a perder probablemente el 25% de la superficie del permafrost; así que parte del carbono que contiene se irá a parar a la atmósfera. Pero esto es mucho mejor que otros escenarios menos ambiciosos que podrían llevarnos a un deshielo del 75 «, subraya.

Para Sommerkorn, los encargados de la toma de decisiones desconocen en general los efectos a largo plazo de los cambios en la criosfera (zonas congeladas del planeta).

«Estos cambios tienen una relación directa con las metas para 2030. El panel de expertos sobre el clima (IPCC) lo dijo claramente: Tenemos que reducir las emisiones en un 50% para 2030 con respecto a los niveles de 2010 si queremos mantenernos por debajo de los 1,5ºC (calentamiento) sin sobrepasar los límites, y la criosfera no nos permite el lujo de sobrepasar los límites… Desencadenaremos umbrales de deshielo que no se pueden deshacer. Es muy, muy difícil que los glaciares vuelvan a crecer. Es básicamente imposible revertir el permafrost una vez aumentan las temperaturas».

Sommerkorn explica que, si disminuimos las emisiones y las tasas de calentamiento, también reduciremos las tasas de deshielo y la subida del nivel del mar, al tiempo que se da más tiempo y métodos a las personas para adaptarse.

«Tenemos que tomar ahora decisiones urgentes cuando planificamos las infraestructuras, las ciudades, etc., y podemos hacerlo en las partes del mundo que cuentan con ayuda técnica y financiación… Otras necesitan ayuda internacional para la financiación de la adaptación», añade Sommerkorn.

Fuente: ONU

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